Valeria Valdebenito

Valeria y yo nos conocimos en un seminario que impartí en Valencia allá por 2010, si la memoria no me falla. Fue una formación intensa —ocho horas seguidas sobre creación de productos enoturísticos—, y sin duda una de las más largas que he dado. Aun así, la recuerdo con cariño, tanto por la implicación de los asistentes como por los vínculos que se generaron. Valeria es uno de esos vínculos que permanecen.

Desde entonces, no solo mantuvimos el contacto, sino que tejimos una colaboración natural entre su agencia de viajes valenciana y nuestros proyectos en Barcelona. Cuando ella necesitaba apoyo en la Ciudad Condal, ahí estábamos; y cuando nosotros teníamos acciones en la Comunidad Valenciana, sabíamos que podíamos contar con ella.

Compartimos momentos memorables, como aquel fam trip en la Ribera del Duero, en el marco del primer FINE, justo antes del confinamiento. Tuvimos la suerte de visitar proyectos ejemplares como Abadía Retuerta, dirigido con maestría por nuestro amigo común Enrique Valero, que sigue siendo para mí uno de los mejores modelos de enoturismo internacional. Tal vez por eso, y por la energía que se activó tras los seminarios online que impartí durante la pandemia para la Comunidad Valenciana, nos planteamos un sueño: crear juntos una “Academia de la Experiencia”. Aunque el tiempo y las circunstancias no permitieron que cristalizara, la semilla quedó sembrada, y la admiración mutua nunca dejó de crecer.

Valeria es una mujer con un bagaje impresionante, con sensibilidad, criterio y una visión muy clara de lo que aporta el enoturismo cuando se hace con sentido y con alma. Es directa, comprometida y tiene una capacidad especial para aterrizar ideas sin perder la poesía que hay detrás de cada experiencia bien diseñada.

En el mundo del vino se dice que los enólogos buscan defectos al vino, los somelieres virtudes, ahora tenemos el equipo perfecto.

Cuando hablamos de facilitadores que suman y multiplican, pensamos en personas como ella: generosas, sabias, con los pies en el terreno y el corazón en las personas.

Aquí os dejamos un retrato de Valeria. Ojalá os inspire tanto como a nosotros.


Cuestionario de Valeria Valdebenito

¿Su canción favorita?
La vida es un carnaval – Celia Cruz

¿Una película?
Akira

¿Un libro?
El mundo de Sofía – Jostein Gaarder

¿Un restaurante?
El Celler de Can Roca

¿Su plato favorito?
Calamares, en todas sus formas y texturas.

¿Quién cocina en su casa?
Yo.

¿Una bebida?
Vino.

¿Un personaje que le ha marcado la vida?
Michael Jackson.

¿El último viaje que ha realizado?
Galicia.

¿El mejor sitio de su comarca?
Moraira.

¿Y de su país?
Lanzarote.

¿Y del mundo?
Chile.

¿Un lugar donde nunca llevaría a nadie?
A un campo de concentración.

¿Con qué personaje público le gustaría cenar?
Mario Alonso Puig.

¿Con quién nunca se tomaría una copa de vino?
Donald Trump.

¿Con quién le gustaría realizar un gran viaje?
Con mi marido.

¿Para qué sirve la televisión?
Para desinformar.

¿Un programa de televisión?
Documentales de La 2.

¿Y de radio?
Fallo de sistema – Radio 3.

¿Cuál es el último regalo que le han hecho?
El libro La emprendedora resiliente – Resilient Women in Business.

¿A qué hora se levanta?
Entre las 6:30 y las 7:00.

¿Qué es lo primero que hace, fuera de la cama?
Masaje facial, del cuero cabelludo y de los brazos.

¿Una palabra que le guste?
Gracias.

¿La última vez que fue a misa?
Hace tres meses.

¿Un insulto?
Meterse con la madre de una persona.

¿Un olor que le emocione?
Yuzu.

¿Una manía?
Llevar los pliegues de la camisa y el cuello sin doblar.

¿Un personaje histórico?
Miguel de Cervantes.

¿Un hobby?
Bailar Lindy Hop.

¿Un lema?
La práctica hace al maestro.

¿Qué le saca de quicio?
La verborrea innecesaria.

¿Qué le hace reír?
Los chistes de Ricky Gervais.

¿Y llorar?
Los dramas del medievo chino.

¿Qué deporte practica?
Taichí.

¿Qué idiomas habla?
Español, inglés, alemán y chino mandarín.

¿Cuál es su peor pesadilla?
Ahogarme en el mar.

¿Una pesadilla que se ha hecho realidad?
Todavía no ha ocurrido.

¿Qué tiene en la mesita de noche?
Cremas, flores de Bach y un masajeador capilar.

¿Qué se llevaría a una isla desierta?
Un cuchillo, semillas y la Biblia.

¿Qué haría si le dijeran que mañana es su último día de vida?
Invitaría a mis seres queridos y amigos a vaciar mi bodega.

¿Qué repetiría si volviera a tener 20 años?
Viajaría más de lo que viajé.

¿Y qué no repetiría?
La prepotencia juvenil.

¿Qué hace con una llamada perdida de un número desconocido?
La ignoro.

¿Qué quiere conseguir con su colaboración en Colmenero&Co?
Crecer profesionalmente junto a un equipo multidisciplinar.

¿Cómo se imagina el turismo del futuro?
Más tecnológico y más deshumanizado en la fase de venta, pero mucho más humanizado en la entrega de las experiencias. El factor humano será clave. Quien sepa desarrollar su inteligencia emocional y el poder de las palabras, triunfará.

¿Dónde espera estar dentro de cinco años?
Trabajando un 30 % menos, generando al menos un 30 % más (he ganado en valor), para seguir disfrutando de mis viajes enológicos alrededor del mundo.

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